Nuestra
relación desde el primer momento fue como un reloj de arena. No sabíamos qué estábamos haciendo, aunque sí
que algo estábamos construyendo.
A veces no
sabes si estás volviendo hacia atrás, si has adelantado la parte de la película
que no te gustaba, o si te has quedado en el mismo instante en que todo pasó a
cobrar especial sentido.
Sabes que ha
sido culpable de sentimientos encontrados, de ilusiones rotas.
Una vez leí
que nunca hay que tomar las decisiones
hasta que sea necesario, y así lo hice.
Construir un
principio, muchas veces es la mejor manera de no llegar nunca al final.
Empezamos nuestra historia porque por mucho que llueva hay huellas que no se
borran. Empezamos porque comencé a creer que acabaría de la mano de cualquiera,
precisamente porque esa mano no sería la tuya. Porque todos sabemos retirarnos
a tiempo, y había llegado mi momento.
Constantemente
suelo recurrir a terceros, quizás porque si aconsejas en primera persona corres
el riesgo de parecer arrogante. Un día leí que “si le das el tiempo necesario a
una persona, termina por mostrarse tal y como es. Te sorprenderán y te
impresionará.”
He esperado
todo lo que ha sido necesario y tengo todo por lo que he estado luchando.
Nunca he
estado tan feliz como soy ahora. Tengo la estabilidad necesaria para seguir
aquí. A su lado.
Me levanto
sabiendo que no estoy sola. Aunque tenga todo el espacio para mí en la cama. Pero sé que está ahí, al otro lado, a mi lado.
Quizás para todo
hay una primera vez. Para mí no tiene tanto valor las primeras veces, sino el
volver a intentarlo. Y no hay mejor sitio para intentarlo que a su lado.
Tengo la persona
con la que compartir mi vida. Por fin, y si no se mueve de mi lado seguiré
siendo feliz para siempre.
Escuché entre besos “Pues
que no será fácil, va a ser muy duro. Tendremos que esforzarnos todos los días
y quiero hacerlo porque te deseo. Quiero tenerte para siempre, Tú y Yo todos
los días”, y ha sido la mejor decisión que he
tomado nunca.
Es la pieza que me
completa. Y estoy segura que por muy difícil que sea saldrá bien.
Sabrías bien
de que te hablo si la hubieras mirado a los ojos. Si hubiera rozado tu mano…Si
te hubiera robado cada segundo amargo para cambiarlo por millones de sonrisas.
Dime qué quieres que sea y lo seré por ti.
